20 marzo 2008

Salud de preescolares chilenos está en riesgo por mala nutrición y sedentarismo

Los preescolares chilenos están expuestos a sufrir enfermedades crónicas propias de los adultos a partir de la etapa escolar. Ello, debido a la alimentación rica en grasas y al sedentarismo que presentan desde temprana edad.

Así lo revelan diversos estudios, dados a conocer por el Director de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, Dr. Giorgio Solimano, junto al senador Mariano Ruiz-Esquide, integrante de la comisión de Salud de la Cámara Alta, a pocos días de la realización de la Cumbre de Nutrición y Salud.

El Dr. Solimano señaló que el sobrepeso y la obesidad en escolares se han triplicado en los últimos 20 años en nuestro país, existiendo actualmente unos 600 mil niños obesos. Esta situación está asociada a un alto consumo de alimentos hipercalóricos y a la inactividad física, dado que el 70% de los niños sólo realiza ejercicio durante los 90 minutos semanales de la asignatura de Educación Física.

En tal sentido, explicó que el sedentarismo puede ayudar a explicar las altas tasas de obesidad, pero también contribuye a una mayor prevalencia de hipertensión arterial, osteoporosis, cáncer de colon, caídas y lesiones, diabetes, accidente vascular cerebral, depresión, síndrome de espalda dolorosa y estrés.


Por otra parte, estudios internacionales indican que en la edad preescolar, además de sobrepeso y obesidad, los niños ya presentan colesterol alto e hipertensión. En Chile, en una investigación conjunta con el INTA, en el marco de la tesis doctoral de una académica de la Escuela de Salud Pública, se tomó una muestra de 350 niños de cuatro años, a quienes se les midieron los factores de riesgo cardiovascular.

El Dr. Solimano adelantó que los resultados preliminares del estudio -que aún está en desarrollo- son alarmantes, pues los menores presentaron altos niveles de colesterol, “lo que los predispone a sufrir, desde su etapa escolar, enfermedades que comúnmente son asociadas a los adultos, como el Síndrome Metabólico de Resistencia Insulínica, que precede a la diabetes mellitus tipo 2, y la misma diabetes, que en la población infantil ha aumentado 10 veces en las últimas dos décadas”, advirtió. Añadió que esto trae repercusiones en la calidad de vida de estos niños, durante la infancia y también en la edad adulta, con altos costos individuales, familiares y sociales.

El salubrista señaló que está probado que el problema no reside en los jardines infantiles ni en los colegios, sino en los hogares. Citó una investigación del Departamento de Nutrición de la U. de Chile y la Escuela de Salud Pública en siete comunas de la Región Metropolitana, en que se analizaron las condiciones de las escuelas y la situación individual y familiar de los niños, llegándose a e la conclusión de que éstos tienen mucho mayor influencia en la situación nutricional de los niños. Además, un trabajo realizado por la Escuela de Nutrición y el INTA, comparó la alimentación que los niños de jardines de la JUNJI recibían en el establecimiento con la de la casa. Se determinó que la mayor ingesta calórica y de grasas se produce en el hogar, especialmente los fines de semana, y que el 21% de la energía consumida por estos niños proviene de bebidas, dulces y snacks.

El Dr. Solimano aseguró que el costo de la prevención de las enfermedades crónicas no transmisibles en la niñez es significativamente más bajo que el del tratamiento curativo de estas enfermedades en los adultos. “Ante este escenario, es importante que las intervenciones apunten a la prevención, pero con un abordaje integral, que considere las costumbres y creencias familiares, ansiedad, autocontrol, sedentarismo, afectividad, entorno familiar y escolar, además de los factores biomédicos o genéticos”, manifestó. Añadió que las políticas deben dirigirse hacia todo el entorno de los niños, lo que implica educar también a los padres y profesores.

A su juicio, la prevención debe abarcar al individuo y también a la sociedad. Ejemplo de esto último, sostuvo, son las regulaciones a la publicidad y a la venta de comida “chatarra”, la correcta rotulación de los alimentos y la entrega de información a los consumidores, como el “semáforo nutricional”. Especial relevancia asignó al rol de la familia y la influencia de los padres como generadores de cambio en los hábitos de vida de los niños, y a la colaboración de todos los sectores de la sociedad: gobierno, legisladores, empresa privada, sector educacional y de salud, municipios y universidades.

“A estas últimas les corresponde generar el conocimiento necesario para el diseño de políticas y la aplicación de medidas. La U. de Chile desarrolla el programa Domeyko en salud, que tiene varios proyectos de investigación relacionados con este tema: obesidad infantil y diabetes, calidad de vida en adolescentes y en adulto mayor, entre otros”, indicó.

Fuente: Escuela de Salud Pública, Universidad de Chile

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09 noviembre 2006

Encuentran relación entre obesidad infantil y nivel socioeconómico

Según un estudio realizado en la Universidad de Chile, los niños de escasos recursos con una condición económica más estable tienden a comer más, especialmente a fin de mes y a hacer menos ejercicio que los menores en situación más deficitaria. Ello estaría produciendo una mayor obesidad y sobrepeso en este grupo.

La prevalencia de obesidad escolar es muy heterogénea, incluso en una misma comuna. Eso llevó a la doctora Daniela Adjemian, quien está realizando el Magíster en Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, a analizar los factores socioeconómicos que pudieran incidir en esta situación.

Para ello estudió 239 niños de la Región Metropolitana, de segundo año básico, pertenecientes a las comunas de Lo Espejo, Ñuñoa, Quinta Normal, San Miguel, Renca y Santiago. “Elegimos las comunas de mayor prevalencia de obesidad en la capital y dentro de éstas las escuelas con niveles altos, medios y bajos, para hacer una comparación adecuada”, comentó.

A las madres de los niños les fueron aplicadas dos encuestas alimentarias que se realizaron en períodos diferentes del mismo mes. Junto con ello se hizo un estudio sociodemográfico para conocer las características del entorno donde vivían los menores. “Aunque las comunas eran relativamente homogéneas hicimos una separación socioeconómica, dividiendo a los niños en aquellos que tenían más recursos de los que poseían menos, justamente, porque nos interesaba saber si esto influía en la alimentación o la actividad física”, dijo la doctora.

Para Hugo Amigo, académico del Departamento de Nutrición, otros estudios, llevados a cabo en adultos, han revelado que las mujeres de condición socioeconómica más alta tienden a ser más delgadas que las de estrato bajo. “En este estudio esperábamos encontrar una situación similar, es decir, que los niños cuyas familias tuvieran un mejor pasar, aunque en general fueran de condición socioeconómica baja, se mantuvieran más delgados, cosa que no ocurrió".

La doctora Adjemian dijo que los menos pobres tendían a consumir más, especialmente al final del mes. Esto se hace evidente en la ingesta de lípidos, probablemente en forma de dulces, galletas, snacks y confites de alto valor energético, al tiempo que hacían menos ejercicio. “Pudimos constatar que la alimentación en ambos grupos fue mayor a principios de mes que al final y nos dimos cuenta que, en general, el consumo de macronutrientes era relativamente balanceado".

Asimismo, los niños con más recursos tendían a usar más el patio de sus casas para jugar, que se caracterizaban por ser espacios reducidos, en vez de acudir a los centros comunitarios donde hay canchas de fútbol, piscinas y lugares de esparcimiento. “Los niños más pobres solían caminar más, se entretenían fuera del hogar y pasaban menos horas frente al televisor o el computador. Encontramos que por cada hora de sedentarismo el riesgo de ser obeso aumenta a un 13 por ciento”, explicó.

Fuente: Facultad de Medicina, Universidad de Chile

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